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Lo que no se cuida en el docente, termina enseñando desde la herida

Pensamiento complejo y sistémico: educar(se) en tiempos de la IA y el Lenguaje

Educar en la era de la inteligencia artificial exige fomentar el pensamiento complejo para navegar la incertidumbre y cuestionar los algoritmos. Este enfoque prioriza la mirada crítica y el análisis sistémico para transformar el aprendizaje frente a la automatización del lenguaje.

En el principio era…

¿Por qué pensar en pensamiento complejo?, ¿por qué hablar de ello en la educación?, y, ¿por
qué preocuparnos de la IA y su avance? Tres preguntas concretas pero amplias que deseamos
dialogar con los lectores y que, sin querer queriendo (como diría un personaje de la televisión
de los años 70s y 80s), afectan a las generaciones actuales, que parece que piensan de una
manera “diferente”. Y es que, aunque no lo creamos, las RRSS, con el imperio de la
imagen/video, y las mutaciones del lenguaje que hacen los adolescentes y jóvenes con las apps
de chateo o el reggaetón u otros estilos musicales, sí han cambiado mucho las cosas.

Este cambio también se va expresando de muchas maneras, entre ellas que ahora debemos
presentar las cosas de una manera que no supere los 30 segundos, porque si no la atención se
dispersa, y que se digan las cosas en pocas palabras, creyendo que con esa “claridad” ganamos
en profundidad y en comprensión.

Lastimosamente, la evidencia científica nos muestra que lo anterior nos ha complicado pues ya
no se pueden leer textos, cuentos, estudios científicos u otros, sin que la atención se disperse
o no se comprenda en totalidad lo que se dice, pues hay palabras que “desaparecen” o no se
tienen en el bagaje cultural y lingüístico para comprender cómo se va cambiando y jugando
con los conceptos.

Así, estos “cambios”, parece que afectan a nuestra comprensión y a nuestra forma de
interpretar y expresar el mundo que nos rodea o se refiere a nuestro interior. Si ello afecta
esas esferas, ¿qué pasa cuando nos referimos a la educación y los procesos formativos?, ¿solo
se trata de metodología y captar la atención de los estudiantes/las personas?, ¿todo debe
realizarse a “gusto” de quien está en proceso formativo? Más preguntas que, parece,
intentaremos responder en las siguientes líneas.

Todo lo que irrumpe en la mente y emociones del docente puede convertirlo, silenciosamente, en alguien que deja de sentirse apto para enseñar.

Las ideas… Pensamiento sistémico

La acción de pensar tiene como resultado ideas que verbalizamos, somatizamos o convertimos
en acciones y nos permite relacionarnos, comprender y relacionarnos con el mundo. Este
proceso, que inicia desde la interacción madre/hijo(a) en la gestación, se va complejizando con
la educación formal (inicial, primaria, secundaria, técnica/universitaria, postgradual o en la
vida) y el desempeño sociolaboral.

Para que lo anterior sea efectivo, el lenguaje (verbal, visual/pictórico, no verbal, musical, de
señas, etc.) es un vehículo importante, ya que nos permite hacernos comprender o no
respecto lo que necesitamos/deseamos/urgimos. Por ello nuestra preocupación inicial
respecto a las mutaciones que va y sigue sufriendo, mismas que no son parte de su evolución
general, ¿o sí?

Por otro lado, es necesario entender que ese lenguaje permite generar distintos tipos de
pensamiento, dos de los cuales son los que queremos profundizar: el sistémico y el complejo.

A manera de definir, podemos decir que:

“El pensamiento sistémico es la habilidad de resolver problemas dentro de un sistema complejo, tomando una perspectiva que tiene en cuenta la totalidad del sistema y analizando la interacción de sus partes. Se basa en el estudio multidisciplinar de los sistemas, entendidos como entidades formadas por partes interrelacionadas e interdependientes, que juntas crean algo diferente a la simple suma de sus partes.” (Pensamiento sistémico: qué es, características, y cómo funciona)

Para poder cumplir lo que dice la definición anterior, más allá del lenguaje se necesita, tanto
en los espacios sociales como educativos, entrenar la atención, la capacidad de permanecer
concentrados, la abstracción y no lo concreto, dándonos cuenta de las partes, subsistemas y
sistemas mayores respecto los que forma parte ese algo que se quiere comprender o se tiene
como foco de atención.

En este sentido, ¿las formas actuales educativas se esfuerzan en enseñar este tipo de
pensamiento? O, como se va mencionando en muchos espacios, la comprensión lectora baja y
el poco razonamiento lógico matemático no aportan a estos procesos. ¿Será que los enfoques
y modelos educativos, que responden a un estilo de lenguaje, ya no son comprendidos ni
aceptados por las generaciones actuales?

Esta pregunta tiene mayor realce por lo que Urie Bronfenbrenner nos propone en su modelo
ecológico de sistemas: todos los sistemas que podemos complejizar o simplificar, se
desarrollan dentro de una esfera altamente limitante: la cronósfera, que está relacionada al
tiempo. Todo se desarrolla en un tiempo y se comprende dentro de ese intervalo, bajo sus
posibilidades y limitaciones. 

Por ello, emitir juicios respecto de algo pasado, utilizando categorías o conocimientos actuales,
se convierte en un ejercicio inútil y no justo, pues estamos tratando de comprender sistemas
fuera de su cronosistema, cerrando la posibilidad del encuentro, el crecimiento y el
conocimiento.

Las ideas… Pensamiento complejo

Ahora bien, si ese estilo de pensamiento nos permite entender todo de manera interrelacionada, ¿por qué necesitamos del pensamiento complejo? Intentemos acercarnos a su definición:

“(…) pensamiento que trata con la incertidumbre y es capaz de concebir la organización. Es el pensamiento apto para unir, contextualizar, globalizar pero al mismo tiempo para reconocer lo singular, individual y concreto.”
(Philosophica: Enciclopedia filosófica on line — Voz: Pensamiento complejo)

Entonces, a partir de lo dicho, parece interesante que veamos que, si el pensamiento sistémico
nos intenta mostrar que las cosas forman parte un otro mayor, que es organizado e
interrelacionado, el pensamiento complejo nos enfrenta ante el hecho que eso organizado e
interrelacionado posee elementos que se encuentran en caos, que debe ser interpretado y al
que podemos encontrarle armonía y sentido, desde lo general o lo individual.

Lo expresado vuelve a cuestionar lo que hacemos pedagógicamente en los diversos espacios
de formación humana, pues las mutaciones del lenguaje nos hablan de la importancia de, tal
vez, crear nuevos modelos o formas educativas que respondan a necesidades que van
emergiendo. En ello, ¿la IA es una ayuda?, o, como algunos creen, ¿es una traba que hará que
se complejice más la comprensión o se anule?

Esta capacidad de estructurar el pensamiento para comprender la realidad personal, grupal o
social, no es innata, sino que se debe aprender, se va profundizando y comprendiendo en la
medida que se practica, descubriendo que siempre hay elementos que deben releerse y
reorganizarse. En ello, la IA puede ayudar en la posibilidad de acceder al análisis de
multiplicidad de datos que de forma personal o en equipos no sería posible, pero, ¿Cómo
discriminar si ello es verdad o falsedad? El rol docente juega un papel importante en esta
labor, pues es quien podrá guiar los procesos. No obstante, ¿Qué hacer cuando el profesor no
domina la IA?

Parece, entonces, necesario que tanto docentes como estudiantes y la propia sociedad
gestionemos nuevos aprendizajes, a partir de estos retos mencionados y otros que,
esperamos, vayan surgiendo en la mente y desde la práctica de quienes nos leen.
Interesantemente, y como dato desde la perspectiva de la historia, cada cambio de época ha
gestionado un dilema parecido, en el que las mutaciones lingüísticas, los avances/retrocesos
científicos y las organizaciones sociales han llevado al colectivo humano a realmente
cuestionarse si estamos ante una involución o a un impulso que nos lance a una mayor
evolución y aprendizaje. Desde esta mirada, y con las evidencias presentadas, ¿Cómo nos
enfocamos/posicionamos?

Para reabrir el diálogo

Los retos en los que se va sumiendo la humanidad no son tan simples, pues entre el
surgimiento de lo cuántico, la nueva carrera hacia el espacio y la necesidad de buscar un nuevo
espacio habitable, hacen que necesitemos pensar no desde la simplicidad de lo evidentemente
real/tangible, sino desde lo complejo y, a veces, caótico que se va presentando.

Es necesario que apuntemos a la necesidad de educar de una manera diferente, que no se
base en el privilegio de la memoria, sino que nos lance a problematizar, a preguntar, a
hipotetizar… Pero, aunque esas respuestas parten de la idea de entender que las cosas son
sistémicas y complejas en sí mismas, no podemos olvidar que lo sistémico y complejo no es
sinónimo de conceptualizarlo desde lo complicado/secreto/oscuro, sino más bien, desde lo
simple… pues lo simple ayuda a organizar, comprender, profundizar y, especialmente,
conectar.

Así, parece que el pensamiento complejo y el sistémico no solo apuntan al desarrollo de
capacidades en el modo de pensar, sino que generan elementos que nos permiten gestionar
quién y cómo somos, en los espacios en los que estamos y nos queremos desarrollar.
Finalmente, desde el rol que ocupo en la sociedad, ¿cómo quiero continuar ayudando a
aprender o seguir aprendiendo yo? Hasta una siguiente oportunidad…


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